cotidianas

Qué feo llora un hombre solo.
De golpe, cada mañana, la realidad
me embiste apenas abro los ojos.
Días en que la pena es mi elemento,
sustancia que se transmuta en tinta,
voz que habla desde no sé dónde,
como dolor antiguo sin expulsar.
Tironeado por fuerzas contrarias,
espero el día de las flores mientras
pateo las calles con mis botas gastadas,
me mareo con las vueltas del bondi,
miro de lejos el beso que deseo
y arrastro los pies hasta la última puerta.