al Indio Solari, in memoriam
Los noventa fueron unos años de mierda:
menemismo, FMI, ajuste, pobreza, éxodos;
«achicar el Estado es agrandar la Nación», decían los alcahuetes;
el Estado solo debe hacerse cargo de la salud, la educación y la seguridad,
menemismo, FMI, ajuste, pobreza, éxodos;
«achicar el Estado es agrandar la Nación», decían los alcahuetes;
el Estado solo debe hacerse cargo de la salud, la educación y la seguridad,
se repetía como misa profana por todos lados.
El uno a uno que destrozó todo como un Chernóbil financiero,
las privatizaciones: YPF, ENTEL, Aerolíneas, los trenes,
el país rematado por partes.
La mancha siniestra de la impunidad,
la corrupción generalizada,
los crímenes sin fondo:
AMIA, Embajada, Río Tercero.
El uno a uno que destrozó todo como un Chernóbil financiero,
las privatizaciones: YPF, ENTEL, Aerolíneas, los trenes,
el país rematado por partes.
La mancha siniestra de la impunidad,
la corrupción generalizada,
los crímenes sin fondo:
AMIA, Embajada, Río Tercero.
Los noventa fueron unos años de resistencia,
de dignidad de lxs nadies:
Norma Plá puteando en la plaza,
lxs jubiladxs enseñando a cortar la calle.
Los cortes de ruta, lxs piqueterxs,
Cutral Co, Plaza Huincul,
el humo de las gomas escribiendo en la ruta
lo que nadie quería leer;
docentes levantando la Carpa Blanca,
maestrxs flacxs de ayuno
contra el cinismo del poder.
La tapa blanca de aquel Página/12
el día de los indultos.
Los noventa fueron los años de mi adolescencia:
Attaque 77, Las Pelotas, Divididos y Los Redondos.
La pieza llena de pósters, la remera de Oktubre,
los primeros recitales en vivo, la birra,
los primeros versos siempre torpes,
la circulación de mano en mano
de los materiales que se conseguían.
Rituales pequeños como esperar la canción en la radio
la circulación de mano en mano
de los materiales que se conseguían.
Rituales pequeños como esperar la canción en la radio
con el dedo sobre rec y play,
rogando que nadie hablara encima.
Repetirla mil veces hasta aprenderla de memoria
y rezarla en voz baja
camino a la escuela o a casa.
Manguear a los viejos
para juntar peso a peso y comprar los discos,
como Lobo suelto, cordero atado:
«Medís tu acrobacia y saltás, tu secreto es:
la suerte del principiante no puede fallar...».
rogando que nadie hablara encima.
Repetirla mil veces hasta aprenderla de memoria
y rezarla en voz baja
camino a la escuela o a casa.
Manguear a los viejos
para juntar peso a peso y comprar los discos,
como Lobo suelto, cordero atado:
«Medís tu acrobacia y saltás, tu secreto es:
la suerte del principiante no puede fallar...».
Pero no hay caso.
A veces falla,
a veces todo falla,
a veces no hay suerte,
a veces solo queda resto.
¡Qué sé yo!
Pero hacer música es crear una presencia que nos acompañe,
como la poesía;
y eso, cuando todo se cae,
es una forma de redención.